lunes, 1 de septiembre de 2014

A la chica que alguna vez amé

Me levanto, no. Me levanto, no. Me levanto, ahora si. Busco la toalla y prendo la radio, Mirada soñolienta que busca tus ojos, no los encuentra. Miro la foto con un poco de polvo en el mueble, mira la mirada de mi otra mitad. Esta me devuelve la mirada agraciada, con el cariño de siempre, sin saber que no quiero el cariño de siempre, pero la miro con gusto, quizá sea la única mirada que obtenga de esos ojos.

Voy a la ducha con mis pies lustrando la alfombra alérgica a las escobas y ahora pienso en mi viejo, todas sus historias de juventud y arrepentimientos de cobardía y ya no quiero se cobarde y pienso en ti de nuevo y ya no quiero ser cobarde y pienso en ti y soy cobarde, luego, miro la foto y sigo cobarde, miro tu mirada y sigo cobarde.

salí de la ducha, el agua exterminó los pensamientos soñolientos, estoy lúcido, vivo y vigoroso. Miro mi café y me hundo en los pensamientos de un futuro feliz contigo, de cuanto extraño tu preciosa sonrisa y tu voz sabor crema. Veo tus ojos en reflejo de los míos en el reflejo del café, cierro los ojos para dejar de ver los tuyos y recorrer tu frente, caer por tu pelo y pasearme por tu cuello. Abro los ojos un segundo, miro por la ventana, en silencio, miro de nuevo el café, te veo y cierro los ojos para seguir perdiéndome en tu cuerpo eterno.

Me levanto de la mesa, giro lentamente, para ir a pudrirme a una clase que no me interesa verdaderamente. Justo cuando me alejo dejo caer la taza, golpea el suelo, explota la taza, explota tu mirada. Despierto.

Miro la foto polvorienta en el mueble.

Me levanto, no. Me levanto, no. Me levanto, no.