jueves, 2 de octubre de 2014

El cuervo y el picaflor


 Llevo una vida común, existen preocupaciones que se solucionan ocupándose nada más, tengo necesidades que se satisfacen rápidamente y te tengo a ti. Te tengo todo el tiempo encerrada en una pequeña jaula en mi cabeza, eres como ese picaflor que se escabulle fácilmente de mi cuervo y que aun bajo las sombras puedes verlo acecharte. Cada uno de sus gritos destroza las paredes de mi cráneo, ansioso por poder volar a encerrarte en sus alas, está convencido de que es más grande que tú, que es más fiero que tú.

 Magnánimo espectáculo que es verte revolotear en mi imaginación, eres un enjambre de pensamientos condensado en esos ojos que me miran con decepción, que yo miro de vuelta con entusiasmo y valentía. Hasta que llega el cuervo, se para en mi hombro, magullado por sus garras, te vuelves a tu jaula. Ya no puedo mirarte, ya no puedes aletear, mi tortura negra y alada ya no puede alcanzarte. Hasta que duerma y comience la persecución de nuevo, seré espectador hasta que encuentres la salida o más bien decidas ir hacia ella. 

 

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