Estoy aquí, a casi cien años de mi muerte, parado
frente a ustedes para manifestar mi último veredicto, para entregar mi último
suspiro a un mundo que se resiste al cambio, porque el racismo y la xenofobia
siguen siendo una barrera para los ojos novatos que no pueden ver más allá de
ese muro, porque el inmigrante aún sigue siendo despreciado y porque este país
no es capaz de ser consecuente con sus planteamientos. Mi nombre es Isidro
Cupitty, inmigrante italiano del siglo XIX.
Desde el
momento en que puse un pie en esta tierra -con mi mejor espíritu de superación- fui despreciado por ser el visitante, por ser
quien viene a robarle a un país que clamaba ayuda, pero que se negaba a
aceptarla. Sin embargo, aparecí con esfuerzo, asomé la cabeza entre un rebaño
amaestrado para permanecer en silencio y no pasé desapercibido: "Es
un hombre escrupulosamente honrado, muy activo y trabajador, a pesar de sus 67
años de edad, se distingue por su puntualidad y buena asistencia1".
Inconsecuente
se vuelve esta sociedad que, a veces, ni siquiera siento mía, porque cuando
proclaman en la Constitución que todos somos vistos con los mismos ojos ante la
ley, mienten, porque cuando el peruano, que viene a buscar oportunidades a
Chile, es menospreciado, también mienten, porque cuando sus ojos revelan el
prejuicio, vuelven a mentir.
Hoy
quiero mostrarles el error, vengo decidido a cortar la descomunal nariz de
madera que no para de crecer debido a la mentira. Hoy vengo a decirles que es
posible derribar la pared del racismo. Porque en el mundo siempre hay mucho que
aprender y es que cuando vemos en los ojos
del inmigrante un hermano, y no un oponente, dejamos que entre en nosotros su
vida y que su conocimiento sea nuestro conocimiento. Desde donde llegan, tienen
algo que decir, desde las adoquinadas calles de Florencia hasta los altiplanos
Bolivianos y dejarlos de lado es insensato, pues sin inmigrantes la industrialización
de Chile aún sería un tema pendiente en el caldero de asuntos inconclusos de
nuestro país.
Sin
embargo no todo es una pena en estas tierras, existen aun las personas que dan una mano desinteresada. Aquí y en el
mundo entero siempre habrán buenas personas camufladas en el manto de dinero
que usan los poderosos para ocultarse. De estas personas que les hablo, hay en
todos lados, pero a veces, el grueso manto verde los hace alejarse de su patria
y buscar refugio, muchas veces en la tierra que ahora pisamos y tomaré las
palabras del inmigrante Carlos Andwandter en prueba de lo que digo: "Seremos
Chilenos honrados y laboriosos como el que más lo fuere, defenderemos a nuestro
país adoptivo uniéndonos a las filas de nuestros nuevos compatriotas, contra
toda opresión extranjera y con la decisión y firmeza del hombre que defiende a
su patria, a su familia y a sus intenciones. Nunca tendrá el país que nos
adopta por hijos, motivos de arrepentirse de su proceder humano y generoso".
Finalizando, más allá de
cualquier beneficio económico, traspasando cualquier territorio, superando toda
cumbre xenófoba, debemos encontrar la unificación, solo si juzgamos a los demás
por quienes son y no por el lugar de origen, solo así, encontraremos la verdad.
La riqueza de la humanidad no está en solo algunos hombres, está en todos los
hombres, de todas las razas, de todas las ideologías y culturas. Gracias.
1. El trabajador, periódico quincenal, en su edición del 13 de
diciembre de 1924).
Hola: soy Rene Alfaro Cupitty. Vivo en Canada pero me crie en Stgo. Soy tio de Leslia Cupitty, que creo que es tu mama.
ResponderEliminarCon respecto a este articulo te queria preguntar si tu tienes una copia del articulo sobre mi abuelo Isidro Cuppitti que tu mencionas.
Ayuda pleae
Rene