viernes, 1 de junio de 2012

Apología de un Inmigrante

Hace algún tiempo cree este discurso público para exponerlo en mi colegio, espero les guste.


Estoy  aquí, a casi cien años de mi muerte, parado frente a ustedes para manifestar mi último veredicto, para entregar mi último suspiro a un mundo que se resiste al cambio, porque el racismo y la xenofobia siguen siendo una barrera para los ojos novatos que no pueden ver más allá de ese muro, porque el inmigrante aún sigue siendo despreciado y porque este país no es capaz de ser consecuente con sus planteamientos. Mi nombre es Isidro Cupitty, inmigrante italiano del siglo XIX.
 Desde el  momento en que puse un pie en esta tierra -con mi mejor espíritu de superación-  fui despreciado por ser el visitante, por ser quien viene a robarle a un país que clamaba ayuda, pero que se negaba a aceptarla. Sin embargo, aparecí con esfuerzo, asomé la cabeza entre un rebaño amaestrado para permanecer en silencio y no pasé desapercibido: "Es un hombre escrupulosamente honrado, muy activo y trabajador, a pesar de sus 67 años de edad, se distingue por su puntualidad y buena asistencia1".
Inconsecuente se vuelve esta sociedad que, a veces, ni siquiera siento mía, porque cuando proclaman en la Constitución que todos somos vistos con los mismos ojos ante la ley, mienten, porque cuando el peruano, que viene a buscar oportunidades a Chile, es menospreciado, también mienten, porque cuando sus ojos revelan el prejuicio, vuelven a mentir.
Hoy quiero mostrarles el error, vengo decidido a cortar la descomunal nariz de madera que no para de crecer debido a la mentira. Hoy vengo a decirles que es posible derribar la pared del racismo. Porque en el mundo siempre hay mucho que aprender y es que cuando  vemos en los ojos del inmigrante un hermano, y no un oponente, dejamos que entre en nosotros su vida y que su conocimiento sea nuestro conocimiento. Desde donde llegan, tienen algo que decir, desde las adoquinadas calles de Florencia hasta los altiplanos Bolivianos y dejarlos de lado es insensato, pues sin inmigrantes la industrialización de Chile aún sería un tema pendiente en el caldero de asuntos inconclusos de nuestro país.




Sin embargo no todo es una pena en estas tierras, existen aun las personas  que dan una mano desinteresada. Aquí y en el mundo entero siempre habrán buenas personas camufladas en el manto de dinero que usan los poderosos para ocultarse. De estas personas que les hablo, hay en todos lados, pero a veces, el grueso manto verde los hace alejarse de su patria y buscar refugio, muchas veces en la tierra que ahora pisamos y tomaré las palabras del inmigrante Carlos Andwandter en prueba de lo que digo: "Seremos Chilenos honrados y laboriosos como el que más lo fuere, defenderemos a nuestro país adoptivo uniéndonos a las filas de nuestros nuevos compatriotas, contra toda opresión extranjera y con la decisión y firmeza del hombre que defiende a su patria, a su familia y a sus intenciones. Nunca tendrá el país que nos adopta por hijos, motivos de arrepentirse de su proceder  humano y generoso".
Finalizando, más allá de cualquier beneficio económico, traspasando cualquier territorio, superando toda cumbre xenófoba, debemos encontrar la unificación, solo si juzgamos a los demás por quienes son y no por el lugar de origen, solo así, encontraremos la verdad. La riqueza de la humanidad no está en solo algunos hombres, está en todos los hombres, de todas las razas, de todas las ideologías y culturas. Gracias.

1. El trabajador, periódico quincenal, en su edición del 13 de diciembre de  1924).

1 comentario:

  1. Hola: soy Rene Alfaro Cupitty. Vivo en Canada pero me crie en Stgo. Soy tio de Leslia Cupitty, que creo que es tu mama.
    Con respecto a este articulo te queria preguntar si tu tienes una copia del articulo sobre mi abuelo Isidro Cuppitti que tu mencionas.
    Ayuda pleae

    Rene

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